REFLEJOS DEL HOMBRE
16 de abril de 1970
©Giuseppe Isgró Cattafi
La existencia es un acontecer continuo de actos. Esos actos
demuestran que la vida es una realidad. Son las obras realizadas las que
demuestran que hemos vivido. Por medio de ellas nos perpetuamos a través de la
eternidad. Son asimismo el reflejo de lo sublime o de lo nefasto, según nuestro
estado evolutivo.
En la naturaleza todo es bello, todo es sublime y grandioso.
Lo malo, lo pernicioso no es sino un tránsito, durante el cual el ser humano
rehúsa ver la realidad. Cierra los oídos a la musical armonía del infinito. La
fealdad no existe sino cuando el ser yace estancado.
En el Universo todo es grandeza, y el hombre la máxima
expresión. Los problemas humanos no son sino una trasgresión a las leyes
naturales. En la realidad no son tales, sino el medio por el cual el hombre
efectúa la superación evolutiva de su ser. Son etapas en que trabaja para
armonizar su condición antagónica con las leyes que les rigen. Paralelamente
avanza en experiencias que le han de llevar a un más allá en conocimientos y
evolución.
El hombre es un eje del eterno progreso; como tal se perpetúa
en la transformación de las formas de la creación y al mismo tiempo se
transforma a sí mismo, cambia de ignorante a sabio, hasta hacerse maestro de la
creación. Esto lo comprendemos, claramente, en aquellas palabras que revelaran
a Abraham el mandato del Creador, que dicen: -“Id hijos míos y acrecentad la
Creación y cuando seáis sabios volved a mí que siempre os espero”-.
Nada resiste la fuerza creativa y la sabiduría del hombre.
Pero él ha de ser un estudiante asiduo y sincero.
Ha de estar vigilante para no descuidar la marcha continua del progreso
en el ritmo armonioso que dictan las leyes naturales.
El hombre, como expresión máximo de lo sublime, de lo
infinito, ha de efectuar en su existencia el desarrollo del ideal Universal,
para alcanzar la solidaridad de su ser con la inmensidad del Universo, y en él
con sus semejantes.
Armonía y estudio, amor y trabajo, sinceridad y constancia,
nos llevarán a la realización de la gran misión del hombre.
Publicado en la Prensa, el 16 de abril de 1970.
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