sábado, 1 de junio de 2013

REFLEJOS DEL HOMBRE


REFLEJOS DEL HOMBRE
16 de abril de 1970

©Giuseppe Isgró Cattafi


La existencia es un acontecer continuo de actos. Esos actos demuestran que la vida es una realidad. Son las obras realizadas las que demuestran que hemos vivido. Por medio de ellas nos perpetuamos a través de la eternidad. Son asimismo el reflejo de lo sublime o de lo nefasto, según nuestro estado evolutivo.
En la naturaleza todo es bello, todo es sublime y grandioso. Lo malo, lo pernicioso no es sino un tránsito, durante el cual el ser humano rehúsa ver la realidad. Cierra los oídos a la musical armonía del infinito. La fealdad no existe sino cuando el ser yace estancado.
En el Universo todo es grandeza, y el hombre la máxima expresión. Los problemas humanos no son sino una trasgresión a las leyes naturales. En la realidad no son tales, sino el medio por el cual el hombre efectúa la superación evolutiva de su ser. Son etapas en que trabaja para armonizar su condición antagónica con las leyes que les rigen. Paralelamente avanza en experiencias que le han de llevar a un más allá en conocimientos y evolución.
El hombre es un eje del eterno progreso; como tal se perpetúa en la transformación de las formas de la creación y al mismo tiempo se transforma a sí mismo, cambia de ignorante a sabio, hasta hacerse maestro de la creación. Esto lo comprendemos, claramente, en aquellas palabras que revelaran a Abraham el mandato del Creador, que dicen: -“Id hijos míos y acrecentad la Creación y cuando seáis sabios volved a mí que siempre os espero”-.
Nada resiste la fuerza creativa y la sabiduría del hombre. Pero él ha de ser un estudiante asiduo y sincero.
Ha de estar vigilante para no descuidar la marcha continua del progreso en el ritmo armonioso que dictan las leyes naturales.
El hombre, como expresión máximo de lo sublime, de lo infinito, ha de efectuar en su existencia el desarrollo del ideal Universal, para alcanzar la solidaridad de su ser con la inmensidad del Universo, y en él con sus semejantes.
Armonía y estudio, amor y trabajo, sinceridad y constancia, nos llevarán a la realización de la gran misión del hombre.


Publicado  en la Prensa, el 16 de abril de 1970.

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